El artista y la negociación de su show en vivo

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Muchas veces los artistas, en este caso los músicos, se quejan de que su arte no es valorado o no es bien pagado. Cada tanto escuchamos a alguna banda reclamar porque tal local no le paga un monto de dinero por tocar ahí, o incluso le cobra por ello. O también alguna instancia cultural de otra ciudad en donde solo ofrecen pasajes y estadía, pero no honorarios para el artista. 

Tratemos de esclarecer el tema para evitar confusiones.

Cuando un músico es requerido como sesionista, ya sea en estudio o en vivo, su empleador va a ser el director o productor musical. Este empleador ofrecerá una determinada suma de dinero por los servicios del músico, tales como ensayos, grabaciones, y presentaciones en vivo, entre otros, hasta el final del proyecto. Entonces el músico considerará si acepta o no el trabajo, apelando a su currículum, estudios, experiencia, equipamiento, etc. Todo esto opera bajo la misma lógica del trabajador asalariado en cualquier área laboral.

Sin embargo, cuando se trata de nuestro propio proyecto artístico (ya sea como banda o como solista), estamos funcionando bajo los cánones del emprendimiento, con los mismos riesgos y beneficios que esto conlleva. Y la esencia del emprendimiento significa que los posibles clientes son libres de elegir si compran o no lo que el proyecto genera. Hoy nos referiremos al show en vivo.

¿Quienes son estos “posibles clientes” de nuestro proyecto artístico al momento de tocar en vivo? Son tres: Un promotor privado, una instancia estatal, o el público directo. Desglosemos cada uno de ellos.

Un promotor privado de conciertos o espectáculos en vivo, es aquella persona que se encarga de comprarle un show al artista bajo los términos y condiciones que ambos acuerden. Si no hay acuerdo, entonces el negocio no se lleva a cabo. Y si lo hay, se genera entonces un compromiso mutuo. Ambas partes (artista y promotor) acuerdan los roles que les corresponden a cada uno: Normalmente el artista se preocupa de preparar el mejor show posible, y el promotor se encarga de la logística, publicidad, gestión del local, gestión de auspicios, pagos al artista, etc. Usualmente el artista ayuda también con sus redes a promocionar el evento, y el ideal es que todo quede por escrito, para que no ocurran conflictos durante el desarrollo del acuerdo. Es importante entender que el promotor, por muy entusiasmado que sea por la música, también es una persona que necesita ganar dinero, por lo que no se va a arriesgar con un artista si no considera que la convocatoria sea la suficiente versus lo que tiene que invertir para rentabilizar su negocio.

Una instancia estatal, es muy similar a un acuerdo con un promotor privado, con la sola diferencia de que en este caso los dineros para llevar a cabo el proyecto provienen de fondos públicos, con el fin de contribuir con arte en la comunidad donde se encuentra. Existe un gestor cultural que hace un trabajo similar al promotor, y también es importante que todo quede respaldado por escrito para evitar problemas. En estos casos, a veces los recursos pueden ser limitados, y por lo mismo el artista es libre de elegir si acepta el acuerdo o no. 

La tercera opción mencionada se refiere al público directo, esto significa que es el propio artista quien decide organizar el evento y hacer las veces de promotor. Él es quien está encargado de la logística, de la difusión, de la coordinación y, por supuesto, de la gestión del lugar donde se va a realizar el show. Obviamente, el artista corre con todos los gastos que estén involucrados, con la intención de lograr el objetivo que éste se haya planteado.

Este último punto es muy importante, porque aparte de costear un diseñador, traslados, equipos, publicidad en redes (si así lo deciden), alojamientos si el show es en otra ciudad, etc., hay una negociación con el lugar donde se va a realizar el evento. Y aquí hay que tener muy en cuenta algo fundamental:

El lugar y sus encargados no tienen la obligación de hacer caridad con un artista, sino que velarán por sus propios intereses, y eso es algo totalmente respetable.

Existen muchos tipos de lugares en donde se hacen eventos con artistas, y todos tienen su propia forma de hacer acuerdos con ellos. Algunos cobran por tocar, otros no cobran pero tampoco pagan, y otros pagan un fijo. Normalmente la ganancia del artista es por las entradas vendidas. Incluso algunos locales cobran un cierto porcentaje de esas entradas. Todo es variable en este aspecto.

Pongámonos en el lugar de un local donde se hacen eventos en vivo. Puede ser un bar, un teatro, una sala, un auditorio, etc. Ese lugar también seguramente es el emprendimiento de alguien, y querrá tener las mayores ganancias posibles. Tienen también gastos: empleados, meseros, aseadores, administrativos, etc., y tienen diversas formas de financiarse, siendo una de ellas el cobrarle un fijo al artista. En el caso de los bares, usualmente sus ganancias provienen de la venta de alcohol y comida, y a cambio no le cobran al artista por tocar y éste se lleva el 100% de las entradas. Por eso mismo, también el bar puede elegir cual día de la semana ofrece. Todo depende de cada caso en particular.

Del mismo modo y por consiguiente, el artista también es dueño de elegir o no si hace un acuerdo con un lugar y sus condiciones.

Para finalizar, hay que tener claro que cuando un artista está recién comenzando, prácticamente su única opción de tocar va a ser esta última, es decir, que el artista organice su propio show. Como ya hemos visto, esto cuesta dinero, y lo más aconsejable es que ese dinero se consiga de otras instancias (trabajos aparte, ahorros, etc.) y se considere como una inversión para el proyecto artístico. Quedará entonces en la buena gestión y planificación del artista saber si en el futuro esa inversión habrá rendido sus frutos.