La cohesion dentro de un equipo de trabajo

Band

Cuando somos parte de un proyecto artístico, independiente si es un solista, una banda o un elenco numeroso, siempre vamos a estar interactuando con más personas en diferentes tipos de instancias: en un ensayo, una presentación en vivo o una gira de varias presentaciones en distintos lugares.

 

Entendiendo que este equipo está conformado por personas, y no por máquinas, es que tenemos que considerar por un lado que cada persona es única, y que tiene sus propios rasgos y particularidades; y por otro lado, que estas personas son parte de un grupo que busca un bien común, en este caso, el éxito de la instancia artística que integran.

Es por eso que las relaciones interpersonales dentro de este equipo se convierten en algo crucial, ya que si no son bien llevadas, se puede generar un estrés adicional al que ya existe en un proyecto artístico, sobretodo a nivel emergente. Quizá un ensayo o una presentación en vivo sola no sea tan complejo, pero hoy en día son muchos los artistas que salen a tocar fuera de sus ciudades de residencia, y eso implica un trabajo mayor de cohesión en el equipo.

Por lo tanto, lo importante es que no sólo la instancia profesional sea un éxito, sino que también nos quedemos con un muy buen recuerdo de haber compartido con buenas personas y que haya un sentimiento de agrado y de entusiasmo de participar en ella. Para esto son necesarios dos elementos imprescindibles: EL LIDERAZGO Y LA CAPACIDAD DE ADAPTARSE.

El liderazgo, como ya lo hemos visto antes, consiste en ir hacia una causa (en este caso el éxito del proyecto) y también de proteger al equipo de trabajo. En condiciones ideales, sobretodo cuando hay que ir a tocar afuera de la ciudad, este rol lo cumple un “Tour Manager” cuyo trabajo no es solamente vigilar en todo momento las situaciones propias del proyecto (logística, prensa, negociaciones, horarios, etc.) sino que también mantener una buena cohesión dentro del equipo. Ahora bien, a nivel de artistas emergentes, muchas veces ese Tour Manager es uno de los propios músicos y el resto del equipo son los otros músicos de la banda/solista, y con suerte puede además viajar un sonidista. Y para proteger a este equipo, éste líder tiene que haber ojalá anticipado la mayor cantidad de detalles, a fin de que el equipo esté con buena disposición en todo momento, para que cuando aparezcan las situaciones de estrés externas, no causen mella en el equipo.

El otro elemento fundamental es la capacidad de adaptarse por parte de cada uno de los miembros del equipo. Para esto, es muy importante que cada uno de los miembros tenga una personalidad fácil de adaptarse al cambio, al imprevisto, y no anteponer su propio ego ante situaciones que no se pudieron prever, que las habrá sin duda. Por ejemplo, si en una gira, una de las fechas contempladas no tiene los requerimientos técnicos acordados de parte del local, pero ya hay muchas entradas vendidas y es imposible suspender la fecha, quizá hay que tocar con otros amplificadores que no son lo mejor, pero que cumplen con lo necesario para hacer un buen show. Como este, hay muchos ejemplos más.

Ser parte de un proyecto artístico con más personas, es casi lo mismo que una familia, y se necesita liderazgo, respeto, buen trato y capacidad de adaptación para poder llevar adelante el proyecto, y no solamente ser bueno musicalmente, ya que como en todo grupo humano, son las relaciones en el grupo lo que muchas veces decide el éxito o fracaso del objetivo que se persigue.

 

La importancia de la logística ante un evento en vivo

Raider

Cuando finalmente hemos logrado un acuerdo para un concierto en vivo, tenemos varios puntos que considerar: ensayar nuestra presentación lo más posible, gestionar la convocatoria, trabajar la difusión, entre otros; y además tener muy en cuenta el elemento del que hablaremos hoy: la logística del evento.

 

Cuando hablamos de logística, nos referimos a todo aquello que se necesita organizar días y semanas antes del evento, junto con todo lo que ocurre el mismo día. Todo para que la presentación salga lo mejor posible, independiente de su magnitud. Además, existe otro motivo muy importante que hace que la logística del evento tenga que ser ojalá perfecta: Reducir el nivel de stress del artista y de su equipo de trabajo.

Y para que todo esto resulte, tiene que existir un elemento fundamental: Buen Liderazgo. Tiene que haber alguien a cargo de toda la logística, ya sea el mismo artista o bien un productor técnico que trabaje con éste. Esta persona a cargo tiene que dirigir, todo desde un comienzo, y junto con ello proteger al equipo y colaborar con terceros, ya que si no es así, se corren muchos riesgos de que el evento sea un fracaso.

Veamos cuales son los detalles a considerar por quién está a cargo, para que la logística del evento sea la mejor:

  • Estar en constante comunicación con el lugar del evento, con su gente, para que en la medida que la fecha se acerque, ver que todo esté en orden.

  • Intercambiar las fichas técnicas de sonido e iluminación del artista y del local (también llamados raider técnicos), de modo que el día del evento esté disponible todo lo que se acordó entre ambas partes. Para esto, muchas veces se puede solicitar la ayuda del sonidista de la banda.

  • Elaborar, en conjunto con la gente del local, un timming del evento. Esto consiste en un documento detallado con los horarios de todos los hitos que van a ocurrir en el día, los que incluyen llegada del artista al lugar, tiempos de prueba de sonido, duración del show, etc.

  • Este timming es fundamental que se envíe por lo menos dos días antes por e-mail a todos los involucrados en el evento: artistas, staff técnico, gente del lugar, músicos invitados, etc. Y ojalá contengan la mayor cantidad de datos posibles, como números de teléfono y correos de todos ellos.

  • Elaborar una lista impresa con todo el equipamiento de la banda, para chequearlo a la llegada y a la salida del local, ya que si no, corremos riesgos de pérdidas de cables, equipos, herramientas, etc. Se sugiere además marcar todo lo que es propiedad del artista con cinta tape y plumón.

  • Si es que se ha pactado, considerar catering (alimentación) de artistas y staff.

  • Coordinar traslados de los artistas y staff hacia el lugar del evento: Cómo va a llegar cada uno, si alguien que necesita ayuda puede pasar a buscar a otro, etc. Y también una vez finalizado el evento, junto con el desmontaje y actividades posteriores al show.

  • Finalmente, ser capaz de solucionar de buena forma, con respeto y colaboración, todos los imprevistos que puedan surgir el día del evento, que muchas veces ocurren. Un evento es una instancia en donde hay harta gente involucrada, y que donde se espera recibir a más gente como público, por lo que el buen trato, la capacidad de tomar decisiones rápidas y certeras, y el mantener la calma en todo momento, son elementos fundamentales de un buen líder que se necesitarán ese día.

Sin duda la intención de un evento en vivo, independiente si es para diez personas o para miles de ellas, es que salga perfecto, que la gente quede contenta y que el artista haya sentido que dió lo mejor de sí. Es por ello que una buena logística previa contribuye enormemente a lograr ello. Y en el caso de los artistas emergentes, muchas veces serán ellos los que dirigirán esa logística, por lo que entre más preparada y bien liderada esté, mejor resultará todo.

 

No se trata sólo de tocar bien: La importancia de una buena puesta en escena

Conexión Emocional

Al momento de asistir a un concierto, sea del estilo que fuere, siempre vamos con la expectativa de pasarlo muy bien, que el artista que está en el escenario entregue un show impecable, acorde a su estilo, y que no solamente nos devolvamos contentos terminado el show, sino que quedemos con la necesidad (casi adicción) de verle nuevamente. Eso nos ha sucedido varias veces, y por ello ya tenemos una lista propia de artistas favoritos.

Sin embargo, a veces ocurre que cuando vamos a ver a un artista en vivo, usualmente por primera vez, ya que no lo conocemos, nos damos cuenta que tienen muy buenas canciones y que las tocan muy bien, pero nos queda la sensación de que algo faltó, a pesar de que musicalmente sonaron ok. Y si nos preguntan si los iríamos a ver de nuevo, la respuesta probablemente sea: “No lo sé, ya los ví y estuvo bueno”.

La diferencia entre el primer caso y el segundo, es aquello que llamamos “show”, es ese desempeño del artista que va más allá de solamente tocar buenas canciones, y que hoy en día en la industria de la música y del entretenimiento es algo fundamental y determinante para poder seguir existiendo como artista. Ese “show” al que me refiero consiste en generar una “conexión emocional” con el público, y que es por lo que paga una entrada al momento de ir a un concierto, porque si no, bastaría con quedarse en la casa escuchando el mp3 en el reproductor o en el celular.

Esa conexión emocional consiste en todo aquello que es anexo a la ejecución musical: la actitud en el escenario, el vestuario, el diálogo con el público entre tema y tema y durante los temas, etc., es decir, todo aquello que haga que los asistentes al concierto se involucren con el artista y con el mensaje que éste quiere entregar.

Y aquí viene lo más importante: La conexión emocional no ocurre por arte de magia ni porque el artista haya nacido con un “don”, sino que se prepara, se trabaja y se ensaya; de la misma forma en que se preparan, se ensayan y se estudian las canciones. Esto es algo obligatorio para todo aquel que quiere aspirar a más en su quehacer musical, independiente si su proyección es como aficionado o profesional.

Así como existen los productores musicales en todas partes, ocurre que en lugares con industra musical más avanzada como EE.UU. y Europa, existen también los “productores de espectáculos en vivo”, que se encargan de asesorar a artistas (muchos de ellos ya consagrados) en todos los detalles de su performace en el escenario. No hay que confundir el término con los promotores de espectáculos, que son aquellos que se encargan de organizar un concierto en una ciudad.

El tema de la puesta en escena y conexión emocional es muy grande para ser desglosado en este post, pero acá hay algunos tips para empezar a poner en práctica:

  • Lo más importante es que la puesta en escena tiene que ir acorde con la esencia del artista y también con su estilo. Tiene que ser honesto a lo que siente, y a esto se le llama “autenticidad”. Es lo primero que percibe el público.

  • No es necesario gastar sumas excesivas en escenografías caras ni artefactos escénicos pretenciosos. Todo parte con la persona en el escenario y su actitud hacia el público. Luego recién viene lo otro.

  • Siempre mirar a los ojos del público, si no, hacemos notar timidez e inseguridad de nuestra parte. Y el público quiere ver a alguien seguro y sólido en el escenario.

  • Preparar y libretear todo lo que ocurre entre canción y canción: saludos, agradecimientos, chistes, situaciones emotivas, etc., es parte del show y tiene que parecer espontáneo.

  • Ensayar frente a un espejo todo esto, o grabarse y después revisar para corregir movimientos y acciones.

  • Si ocurre algún imprevisto, como es posible, tomarlo con naturalidad y tranquilidad, resolver el problema y seguir con el show como estaba planificado. Al público no le afecta si no sale todo perfecto, pero sí se va a incomodar si ve que el propio artista se incomoda.

Para terminar, les propongo dos ejercicios: Vayan a Youtube y escojan diez videos de sus artistas favoritos, y véanlos con el volumen en cero, para que se den cuenta de la coherencia entre su trabajo escénico y su música. Luego hagan lo mismo con artistas que, según ustedes, no le creen o lo encuentran poco auténtico.

Y finalmente, hagan lo mismo con las grabaciones de sus propios shows en vivo.

 

El artista y la negociación de su show en vivo

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Muchas veces los artistas, en este caso los músicos, se quejan de que su arte no es valorado o no es bien pagado. Cada tanto escuchamos a alguna banda reclamar porque tal local no le paga un monto de dinero por tocar ahí, o incluso le cobra por ello. O también alguna instancia cultural de otra ciudad en donde solo ofrecen pasajes y estadía, pero no honorarios para el artista. 

Tratemos de esclarecer el tema para evitar confusiones.

Cuando un músico es requerido como sesionista, ya sea en estudio o en vivo, su empleador va a ser el director o productor musical. Este empleador ofrecerá una determinada suma de dinero por los servicios del músico, tales como ensayos, grabaciones, y presentaciones en vivo, entre otros, hasta el final del proyecto. Entonces el músico considerará si acepta o no el trabajo, apelando a su currículum, estudios, experiencia, equipamiento, etc. Todo esto opera bajo la misma lógica del trabajador asalariado en cualquier área laboral.

Sin embargo, cuando se trata de nuestro propio proyecto artístico (ya sea como banda o como solista), estamos funcionando bajo los cánones del emprendimiento, con los mismos riesgos y beneficios que esto conlleva. Y la esencia del emprendimiento significa que los posibles clientes son libres de elegir si compran o no lo que el proyecto genera. Hoy nos referiremos al show en vivo.

¿Quienes son estos “posibles clientes” de nuestro proyecto artístico al momento de tocar en vivo? Son tres: Un promotor privado, una instancia estatal, o el público directo. Desglosemos cada uno de ellos.

Un promotor privado de conciertos o espectáculos en vivo, es aquella persona que se encarga de comprarle un show al artista bajo los términos y condiciones que ambos acuerden. Si no hay acuerdo, entonces el negocio no se lleva a cabo. Y si lo hay, se genera entonces un compromiso mutuo. Ambas partes (artista y promotor) acuerdan los roles que les corresponden a cada uno: Normalmente el artista se preocupa de preparar el mejor show posible, y el promotor se encarga de la logística, publicidad, gestión del local, gestión de auspicios, pagos al artista, etc. Usualmente el artista ayuda también con sus redes a promocionar el evento, y el ideal es que todo quede por escrito, para que no ocurran conflictos durante el desarrollo del acuerdo. Es importante entender que el promotor, por muy entusiasmado que sea por la música, también es una persona que necesita ganar dinero, por lo que no se va a arriesgar con un artista si no considera que la convocatoria sea la suficiente versus lo que tiene que invertir para rentabilizar su negocio.

Una instancia estatal, es muy similar a un acuerdo con un promotor privado, con la sola diferencia de que en este caso los dineros para llevar a cabo el proyecto provienen de fondos públicos, con el fin de contribuir con arte en la comunidad donde se encuentra. Existe un gestor cultural que hace un trabajo similar al promotor, y también es importante que todo quede respaldado por escrito para evitar problemas. En estos casos, a veces los recursos pueden ser limitados, y por lo mismo el artista es libre de elegir si acepta el acuerdo o no. 

La tercera opción mencionada se refiere al público directo, esto significa que es el propio artista quien decide organizar el evento y hacer las veces de promotor. Él es quien está encargado de la logística, de la difusión, de la coordinación y, por supuesto, de la gestión del lugar donde se va a realizar el show. Obviamente, el artista corre con todos los gastos que estén involucrados, con la intención de lograr el objetivo que éste se haya planteado.

Este último punto es muy importante, porque aparte de costear un diseñador, traslados, equipos, publicidad en redes (si así lo deciden), alojamientos si el show es en otra ciudad, etc., hay una negociación con el lugar donde se va a realizar el evento. Y aquí hay que tener muy en cuenta algo fundamental:

El lugar y sus encargados no tienen la obligación de hacer caridad con un artista, sino que velarán por sus propios intereses, y eso es algo totalmente respetable.

Existen muchos tipos de lugares en donde se hacen eventos con artistas, y todos tienen su propia forma de hacer acuerdos con ellos. Algunos cobran por tocar, otros no cobran pero tampoco pagan, y otros pagan un fijo. Normalmente la ganancia del artista es por las entradas vendidas. Incluso algunos locales cobran un cierto porcentaje de esas entradas. Todo es variable en este aspecto.

Pongámonos en el lugar de un local donde se hacen eventos en vivo. Puede ser un bar, un teatro, una sala, un auditorio, etc. Ese lugar también seguramente es el emprendimiento de alguien, y querrá tener las mayores ganancias posibles. Tienen también gastos: empleados, meseros, aseadores, administrativos, etc., y tienen diversas formas de financiarse, siendo una de ellas el cobrarle un fijo al artista. En el caso de los bares, usualmente sus ganancias provienen de la venta de alcohol y comida, y a cambio no le cobran al artista por tocar y éste se lleva el 100% de las entradas. Por eso mismo, también el bar puede elegir cual día de la semana ofrece. Todo depende de cada caso en particular.

Del mismo modo y por consiguiente, el artista también es dueño de elegir o no si hace un acuerdo con un lugar y sus condiciones.

Para finalizar, hay que tener claro que cuando un artista está recién comenzando, prácticamente su única opción de tocar va a ser esta última, es decir, que el artista organice su propio show. Como ya hemos visto, esto cuesta dinero, y lo más aconsejable es que ese dinero se consiga de otras instancias (trabajos aparte, ahorros, etc.) y se considere como una inversión para el proyecto artístico. Quedará entonces en la buena gestión y planificación del artista saber si en el futuro esa inversión habrá rendido sus frutos.

La importancia de las metas y de un plan de trabajo en un proyecto artístico

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"Hacer música me hace felíz, con ella me siento vivo", puede ser una frase muy recurrente al momento de preguntarle a un artista músico, sea aficionado o profesional, por qué hace lo que hace. Sin embargo, esa dedicación, muchas veces también va acompañada de una enorme cantidad de frustraciones, la mayoría de las veces, innecesarias.

Esas frustraciones son de la más diversa índole, puede ser por ejemplo, que no asistió la cantidad esperada de gente a un concierto, o no disponer de dinero suficiente para grabar un disco, o no tener una sala para ensayar, o no poder telonear a mi banda favorita, o tener un trabajo paralelo porque no me alcanza para vivir de tocar, y así un largo etcétera. Todo esto independiente si el artista hace música como hobby o como (supuestamente) profesional.

Sea como fuere, todas estas frustraciones tienen un origen común, y ese origen es la incapacidad de responder a la siguiente pregunta: "¿Qué es lo que quiero?". Parece extraño, ya que si le hacemos esa pregunta a cualquier artista, seguramente nos va a responder: "mi mayor anhelo es vivir de la música", o bien si es un aficionado, nos contestaría: "quisiera tocar mejor", o "tocar en varios conciertos". Respuestas que parecen ser metas legítimas y dignas de ser deseadas.

Cuando me refiero a la incapacidad de responder a esa pregunta, me refiero a un elemento muy importante que no aparece en las respuestas anteriores, y que es el camino para pasar de la frustración a la realización, es el elemento que hace que las metas pasen de ser meros sueños etéreos, a ser objetivos realizables, por muy grandes que sean. Ese elemento es la cuantificación.

La cuantificación se refiere a todo aquello que tiene números y fechas. Tan simple como eso.

Es muy diferente decir: "yo quiero vivir de la música", a decir: "en tres años más, en esta misma fecha, quiero estar ganando $2.000.000 mensuales, que representan el 100% de mis gastos y además me permite ahorrar, mediante tocar en conciertos con mi propio proyecto artístico, tanto en mi país de origen como en el extranjero". Suena mucho más claro, ¿no cierto?

La cuantificación de las metas, nos soluciona la mitad del problema, e inmediatamente aparece la otra mitad, también en forma de pregunta: "¿Qué tengo que hacer yo para que ocurran cosas que hagan cumplir esa meta?, esa pregunta implica la aparición de una herramienta fundamental: Un plan de acción.

Ahora bien, antes de pasar al plan de acción, sería bueno entender qué ocurre cuando intentamos cuantificar metas, y por qué a veces es difícil. Muchas veces esos anhelos etéreos sin cuantificar nos sirven para refugiarnos en la fantasía, nos sirven como vías de escape, mientras que cuando los cuantificamos, significa enfrentarse cara a cara con la realidad, con mi realidad, y cómo yo doy una lucha por modificarla. Ésto a veces puede ser algo muy complejo para muchas personas, porque se necesita verdadero coraje y determinación para modificar esa realidad, y ocurre que no todas las personas lo poseen. ¿Cómo saber si poseemos ese coraje? Sólamente cada uno sabe su respuesta. 

Volviendo al plan de acción, éste nos va a ir mostrando las diferentes etapas y metas más pequeñas (también cuantificadas) para lograr el objetivo mayor. Se requiere verdadera disciplina y rigor para cumplir cada estapa del plan, independiente si nuestro objetivo último sea de nivel artístico aficionado o profesional.

Veamos un ejemplo sencillo, que se puede aplicar a artistas adicionados y profesionales: "Quiero grabar un disco con mi banda, y luego promocionarlo en vivo"

Lo primero que hay que hacer es modificar el enunciado, para transformarlo en algo cuantificable: "Quiero, en el plazo de una año cronológico, grabar un disco con mi banda en los primeros seis meses, y en los otros seis, realizar mínimo 4 conciertos mensuales para promocionarlo, recuperando la inversión inicial, y generando la misma cantidad en ganancias para invertir en proyectos futuros".

Luego, establecer el plan de acción para cumplir ese objetivo ya cuantificado. ¿Cuales son los elementos importantes en un plan de acción? Son dos: un cronograma con hitos, y un presupuesto.

El cronograma con hitos tiene que tener fechas, descripciones y números, mientras que el presupuesto es saber cuanto es el costo final de todo el plan, cuanto dinero tenemos, y si nos falta, saber de donde y cómo lo conseguimos. Entre más detallado y cuantificado todo, mejor.

Hagamos el ejercicio de suponer lo siguiente: "el plan total cuesta $5.000.000, y en la banda somos 4 miembros y cada uno puede poner $1.000.000, por lo que tendremos que generar como banda otro millón más con conciertos, en un plazo de 6 meses", ése sería el presupuesto.

El cronograma sería de la siguiente forma:

- Desde el 1 de enero al 31 de marzo: composición de los temas, 9 en total

- Desde el 1 al 30 de abril: ensayo de los temas, dos veces a la semana, dos horas cada ensayo

- Desde el 1 al 30 de abril: conseguir un lugar para hacer el concierto de lanzamiento

- Desde el 1 al 15 de mayo: grabación de los temas

- Desde el 16 al 31 de mayo: mezcla y masterización de los temas

- Desde el 1 al 31 de mayo: trabajo en el diseño de arte del disco

- 1 de junio: envío del master a fabricación de 500 discos físicos

- 15 de junio: discos físicos disponibles y también en descarga digital

- 15 de junio a 30 de junio: promoción del concierto de lanzamiento

- 2 de julio: concierto de lanzamiento

- Desde el 6 de julio hasta el 31 de diciembre: hacer mínimo 4 conciertos mensuales en el lugar de origen de la banda y fuera de este, con notas en 3 medios de prensa mínimo por cada concierto.

Obviamente este cronograma es sólo un ejemplo, y depende de las metas (cuantificadas) a lograr, en concordancia seguramente con otras metas mayores, y dependiendo del propósito de la banda, su estilo de música y de las ambiciones de sus integrantes. 

Es importante entender que pueden ir surgiendo imprevistos y modificaciones al plan. Esto es normal, pero hay que tener siempre como foco el objetivo final. Se requiere disciplina, compromiso y trabajo diario para cumplir con esto, independiente si sea con miras profesionales o de hobby.

Sin un plan de acción, lo más probable es que todo fracase, y las frustraciones como las que hablábamos en el comienzo de este artículo, estarán siempre, y peor aún, esas feustraciones nos lleven a tercerizar responsabilidades en todos menos en nosotros mismos.

Y por el contrario, tener un plan de acción, nos permitirá ir cumpliendo las metas que nos vayamos proponiendo, no sólo en la carrera musical, sino que también en cualquier área de la vida.